jueves, 21 de junio de 2018

Invisible.


Ojos de hechicero.


Hay miradas que enamoran y acarician.
hay ojos de cautivan, que engañan y atrapan,
Y él tenía los ojos del tramposo hechicero.
Tenía la mirada más bella que jamás había visto,
parecía diáfana, parecía pura, parecía sincera
y quise mirarme en ella pero, los espejos de sus ojos
robaron mi alma y desde entonces, vaga en las sombras
de un limbo del que no hay escapatoria…
un limbo perdido en la inmensa negrura de sus entrañas.

© María Del Pilar Sánchez Padilla Sánchez
Querétaro, junio del 2018

domingo, 17 de junio de 2018

Te extraño, papá.



Ya no tengo a mi padre conmigo, hace muchos años que se fue, tanto que ni siquiera recuerdo cuántos. Emprendió su viaje sin regreso, dejándome en el corazón marcada una de las dos primeras pérdidas más significativas de mi vida; aquel día, sin despedida, se me fue mi ejemplo, mi súperman, y mi eterno ídolo.
Te recuerdo, papá, te llevo en el alma y clavado en mi vida muy a pesar del tiempo y la ausencia porque supiste guiar mis pasos enseñándome lo correcto y lo justo, dándome tu mano en cada una de mis caídas hasta el último momento que estuviste a mi lado.
Te extraño hoy, papá, y te extrañaré hasta el último latir de esté corazón que me diste.
Felicidades a todos los papás en su día.

© María Del Pilar Sánchez Padilla Sánchez
Querétaro, junio del 2018

Era feliz...I

Imagen tomada de la web


Era feliz cuando aún podía creer que cada mañana, el sol salía de entre las ramas de los árboles en los que se escondía para dormir cada noche, y los bebés venían de Paris colgados del pico de una cigüeña.

Era feliz, inmensamente feliz, cuando creía que la vida era de colores y los únicos finales que existían para las historias de amor era: “vivieron felices para siempre” La alegría regía mi existencia cuando creía que las nubes eran de algodón y en ellas se escondían seres maravillosos que con el viento surgían.

Fui feliz cuando el patio de mi casa era el mundo entero y él, me ofrecía experiencias inigualables, y las hadas y duendes eran mis amigos, los árboles eran la raíz y la nave que me transportaba a universos fabulosos en los que mi imaginación marcaba el límite del principio y el fin del viaje.

Fui feliz cuando el reloj no era más que un artefacto que son su tic tac me adormecía y sus manecillas no marcaban el tiempo, sólo eran un par de corredores compitiendo en una carrera que nunca tenía fin y en la que nunca había ganador.

Era feliz cuando los brazos de mi madre eran la única fuente de calor y protección que en el planeta existía, en fin, que fui inmensa y mágicamente feliz cuando mi risa era un diminuto cascabel y mis pies enlodados dejaban sus huellas por la casa.

Hoy crecí y no puedo decir que olvidé lo que es la felicidad, pero ahora ésta perdió la magia de la niñez, hoy la felicidad es un intento perpetuo de alcanzar a la alegría que se oculta tras el horizonte.



© María Del Pilar Sánchez Padilla Sánchez
Querétaro, junio del 2018

sábado, 9 de junio de 2018

Soñé.

Imagen tomada de la web



Soñé que tenía en mi jardín tres perros negros, dos caballos -uno negro y uno blanco- un gato hipócrita en mi cama, en mi corazón había, una casa amarilla con ventanas y puertas de madera, que aunque cerradas, no tenían cadenas ni candados.
Soñé que tenía cien águilas en los pies, un amplio cielo negro salpicado con estrellas de oro escondido en mi cerebro, una rosa roja llena de besos, un árbol frutal en mi vientre y la visión inocente de un niño en los ojos.
Soñé que tenía una caja de herramientas en las manos, una ilusión en los sueños, una cuerda de cristal en mi realidad y un amor inmenso para regalar.

© María Del Pilar Sánchez Padilla Sánchez
Querétaro, junio del 2018


sábado, 2 de junio de 2018

La mujer de los sueños.

Imagen tomada de la web







Era ella la mujer de los sueños, sus sueños le daban vida y había aprendido a ver los mensajes que en ellos se escondían, creía tanto en ellos que su existencia se regía por los anuncios que éstos le dejaban cada noche. Si tenía problemas o había que tomar decisiones, primero consultaba con sus sueños para saber qué debía hacer, y hasta hace algún tiempo jamás le habían defraudado, las respuestas siempre venían acertadas, hasta el día que empezó a tener sueños recurrentes a los que no logró encontrar significado. Esos sueños se repetían de manera cíclica y siempre en el mismo orden:

*El bebé hermoso y rubio que se presentaba desnudo y por el que ella se preocupaba por mantener limpio y arropado. 

*La casa conocida en la que cada habitación de pronto tenía puertas que antes no tenía y que habrían espacios ocultos. 

*El lugar oscuro en el que desesperada buscaba el interruptor y al encontrarlo no funcionaba.
 
*El buscar y buscar en un armario de mil puertas.

Por primera vez no conseguía encontrar las respuestas ¿Qué le quería decir el subconsciente con esos sueños? Seguro era algo importante porque no paraban, cada noche seguían presentándose los mismos escenarios y las mismas situaciones sin que ella consiguiera entender cuál era el mensaje que éstos ocultaban y su vida de pronto se volvió un caos, nada iba bien.
Los años pasaron sin que ella lograra saber su significado, fue entonces que decidió ignorarlos y perder la fe en ellos; la mujer de los sueños, resolvió no volver a dormir por el resto de su vida, por temor a volver a soñar.


© María Del Pilar Sánchez Padilla Sánchez
Querétaro, junio del 2018